Voces del alma

Ella

Este último año ha sido sin duda uno de mis peores años  donde la “mala suerte” quizás me ha acompañado durante todas estas semanas. Y no solo por la suerte, sino también por ella. Mi nueva fiel compañera, mi Noamiga, mi No yo. Ella se despertaba y se acostaba  todas las noches conmigo, recorría los mismos caminos e incluso me impedía conocer  nuevos, me bloqueaba a su merced, invadía mi intimidad y me hacía ser quién en realidad no era siempre que he pretendido mostrarme como siempre he sido. Ella ha dominado mi vida durante muchos días y no me permitía cambiarla. Ella vino  para quedarse, pero yo siempre he sido mucho más fuerte de lo que sin duda ha pretendido que fuese.

Ella es ansiedad, y sí, la he sufrido y mucho. Empecé por días alterados donde conseguía que todo volviera a la normalidad cuando me iba a dormir, pero cada vez iba a más, y  la ansiedad se apoderaba de mí  sin dejarme avanzar. Llegó hasta tal punto que lo controlaba todo de mi, incluso me hacía sentir la persona más pequeña e insignificante del mundo. Cuando creía que todo iba más o menos bien, de la nada,  mostraba su cara más oculta haciéndome temblar, aparecía  sin avisar ahogándome  hasta tal punto que en ocasiones creía que iba a morir, sin control, sin ayuda.

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Cuanto más débil estaba yo y más fuerte ella, cuando no podía hacer nada por sacármela de encima, a veces, y sólo a veces conseguía dormir a la bestia, pero también me dormía yo, caminaba sin saber a dónde ni con quién, con los ojos entre cerrados con todo el peso de mi alma, pero  cuando el  efecto del sueño se esfumaba, ella volvía con más ímpetu que nunca. Me desafiaba, y siempre ganaba, se reía de mí. Y yo tonta,  lloraba de la impotencia.

Me hizo coger miedo a cosas de las que jamás hubiese imaginado. Me cerré en banda y me aislé del mundo, de mi misma, de la gente que más quiero y más me quiere,  dejé de conducir y no permití que nadie se acercara a mi por miedo a convertirme en lo que no era, dejé de hacer todo lo que realmente me gustaba, dejé a un lado mis amigos, los que de verdad creían en mi, permití que ella se adueñara de mi familia, de mi humor, de mi energía… Me hundía y no encontraba la salida por ninguna parte. Cada vez era más pequeña y cada vez creía menos en mí.

Hasta que un día dije ¡BASTA! 

No hay nadie que pueda controlar mi vida más que yo misma, no hay nada que pueda hacerme cambiar si no es porque yo quiero, no hay nada ni nadie que decida qué camino he de tomar si no es porque  YO así  lo decido.

De la noche a la mañana empecé por algo muy sencillo, escucharme. Y en lo más profundo de mí encontré mi dulce y débil voz. Ahí estaba, pidiendo a gritos ayuda, pero nadie me entendía, nadie podía escucharla. Así que decidí ayudarme yo misma,  nadie mejor  que yo sabe quién soy. Dejé de tomar pastillas para la ansiedad y depresión bajando yo misma la dosis hasta eliminar cualquier rastro de mi cuerpo y empecé a creer de nuevo en mí. Tal y como hacía antes de esta terrible  invasión.

Sé que será un camino largo y difícil de recorrer, pero a día de hoy estoy orgullosa de mis progresos, pequeños pasitos que día a día mejoran mi estado de ánimo.

Sé que muchas personas sufren lo mismo que yo,  el estrés de nuestras vidas se hacen dueños de nuestras personas, y no sabemos cuándo ni cómo, pero un buen día se apodera de nosotros y no hay forma de remitir esos efectos. 

Está muy bien acudir al médico, yo lo hice, pero no fue ni suficiente ni la solución, lo mejor es creer en uno mismo, escucharse, entenderse, respirar…. Hay un sin fin de  formas para mitigar ese estado y aprender a controlarlo. Sé puede. Todo está en nuestra cabeza.

Yoga meditation  during the sunset

Hoy sigo aprendiendo, sigo haciendo ejercicios a diario, y en ocasiones siento como ella asoma la cabeza recordándome que si me dejo ir, ella volverá a poseerme. Pero ahora, que puedo pensar en voz alta y  con más claridad escuchando  mi voz, lo sé, lo admito, lo trabajo  y EMPIEZO A RECONOCERME.

 

 

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