Voces del alma

Mi querida hija

Mi querida hija, 

Te escribo esta carta recordando lo mucho que has crecido. Hace tan sólo unos días que te tenía entre mis brazos mientras te amamantaba, y sin darme cuenta ya eres toda una mujercita de 12 años.

Sabes que siempre intento darte los mejores consejos e intento ayudarte en el camino de la vida para que el día de mañana seas una mujer  inteligente, respetuosa  e independiente, y  nunca tengas que depender de nada ni de nadie, y sólo debas preocuparte de cumplir tus propios sueños.

Pero a lo largo de estos años, me he dado cuenta que la infancia, tal y como se recuerda  ya no es la misma, y muchas veces me pregunto si ese cambio afectará al tipo de persona que quiero que seas. Ya no existen esos niños que juegan en la calle a la pelota o a las canicas durante horas sin temor a nada como hacía yo a tu edad,  ya no existe esa inocencia ni la educación, pero tampoco existe el respeto a uno mismo ni a los demás. Durante estos años todo ha cambiado, y debo decir que a peor.

Cuando miro a mi alrededor y veo a esas niñas de tu edad actuando como quién no son, con la idea de aparentar lo que todavía no conocen y con el apoyo incondicional de unos padres que no entienden las consecuencias, y te miro a ti, que sigues siendo la niña que en su momento  fui, me doy cuenta del fruto de mi trabajo, que es poder  regalarte una infancia como las de antes, de las buenas, de las que una vez te haces mayor y retrocedes en el tiempo.  Sientes una felicidad inmensa al recordar cómo ha sido tu vida hasta ahora, y que gracias a eso sabes que puedes comerte el mundo, porque así lo has aprendido, y así te lo he enseñado.

No quiero que seas como las demás, quiero que siempre seas como tú misma eres sin perder tu esencia por el camino.

No quiero que lleves un tipo de ropa porque alguien diga que tienes que llevarla y  que además no te favorece, y no por el tipo de cuerpo que tengas, que por cierto es perfecto tal y como es, si no porque no es tu momento. No quiero que te pases el día perdiendo el tiempo en maquillarte, tú no lo necesitas. Invierte tu tiempo en cosas que son un bien para ti, sé culta, investiga, aprende, viaja, ama… Cuando seas mayor todo ese esfuerzo será recompensado de alguna manera.

No quieras una vida llena de lujos, no los necesitas, imagínate una vida llena de amor, amigos, un buen trabajo y guarda en una caja todos esos momentos, al fin y al cabo eso es lo único que podrá viajar contigo allá donde vayas.

No pretendas aparentar más, la vida te enseñará que se vive más feliz siendo humilde y respetuosa.

No mientas ni traiciones, todos somos personas y todos somos como tú, cuando pienses en herir a alguien, piensa en cómo te sentirías tú si estuvieras en esa situación. Respira hondo y reflexiona, verás que la ira no te llevará a ningún sitio y que lo único que conseguirás es envejecer tu alma.

No te enfades conmigo cuando te prohíbo salir a según qué horas, no tienes edad para hacer según qué cosas, y no es que no me fíe de ti, el problema es que no me fío de los demás, pero tranquila, que todo momento llega,  y cuando llegue, tendrás esa libertad adecuada a tu tiempo.

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No te rebotes porque te haga ir a dormir a una hora temprana, todavía no lo sabes, pero el sueño es esencial para regenerar tu cuerpo y mente, y con el paso del tiempo te darás cuenta de la importancia del descanso.

Sinceramente no me importan tus notas, siempre te digo que nunca suspendas porque es la base para poder seguir avanzando, pero por suerte eres inteligente y aprendes con facilidad, pero si fallas en algo, no me importa, porque sé que un buen artista no entiende de números, y seas lo que seas siempre estaré orgullosa de ti. Porque sé que serás lo que tú quieras ser y será por tu esfuerzo y constancia.

La vida no es un camino de rosas, ni existen los príncipes azules, y seguramente por mucho que juegues a la lotería nunca te  toque, por lo que  esfuérzate al máximo para vivir bien y sé feliz con lo que tengas. Trabaja duro y nunca te rindas,  y te aseguro que por muchas piedras que encuentres en el camino, siempre tendrás la manera de alisar el suelo y seguir pisando con fuerza.

Águeda

 

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