Voces del alma

Pon un empotrador en tu vida

Sin ninguna duda, lo digo alto y claro: pon un empotrador en tu vida. Sí. Porque los bombones y los te quiero entre caricias endulzan los días pero con los polvos envenenados tocas el cielo. Yo no quiero correr el riesgo de sufrir una subida de azúcar, y si es que la tengo que me receten bajarla a base de dosis de pasión.

Me gustan los chicos románticos, esos que de repente aparecen con una rosa roja y te invitan a cenar. Con los que hablar, con los que reírte y quedarte mirando al cielo un sinfín de estrellas. Me gustan los chicos delicados y de palabras dulces. Esos que eligen tu canción favorita y la hacen sonar de fondo para después besarte lentamente en la boca. Me gustan y lo quiero, pero no me conformo con ello.

Hacer el amor es fantástico, incluso por momentos lo he echo de menos, pero echar un polvo y sumergirme en esa fantástica locura… Porque con pareja o sin ella sentirte deseada es una de las mejores medicinas. Un antídoto necesario para mantener a flote la relación y un revulsivo para reafirmar tú yo más elemental. Vamos, lo que viene siendo imprescindible.

Lo reconozco: me gusta gustar y me gusta el sexo. Disfrutar de mí y de él (si se puede). Y me gusta hacerlo sin tapujos, sin miramientos. Y me encanta ver fuego en sus mirada mientras me sostiene entre sus brazos. No soy de 50 sombras de Grey, me relajo con mucho menos, pero me vuelvo loca sí me coge con fuerza y juega conmigo con absoluta sabiduría.

Disfruto cuando creo que no voy a llegar a casa y voy a terminar bloqueando el ascensor.¡Me quedo aquí y que sea lo que dios quiera! Cuándo me besan y me muerden los labios. Cuando me los perfilan con la lengua y la entrelazan a la mía. Cuando las ansias agitan mi respiración y no existen las palabras porque el deseo lo dice todo.Me gusta sentirme como un juguete entre sus brazos mientras me maneja a sus anchas a lo largo de la cama, subida en su cadera o abrazada a la pared. Sentir sus manos en mis pechos y en mis nalgas, y que mi boca comience a tener sed. Follar. Sentir sus embestidas tan estudiadas y gozar. Y volver a gozar. Porque como se suele decir: ¿A quién le amarga un dulce?

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Ver qué se desliza por tu cuerpo y te abre de piernas. Que te toque, que hunda su lengua y que te clave los dedos. Una y otra vez. Sin parar. Calor. Sentir que llegas. Que te pida que te corras y cumplir con su deseo. Me gusta que me agarre del pelo y que se deje de palabras bonitas. Que deje para después las promesas y los para siempre, que siempre he comprobado que tiene diferentes acepciones, todo depende de cuando y quien los diga.

Visto lo visto, vamos a disfrutar del sexo. Voy a aparcar a un lado los momentos dulces y románticos, y los cambiaré por el desenfreno. ¿El amor? Quizá llegue o quizá no. Pero mientras y durante que me empolven con fuerza y maestría. Yo lo tengo claro y comprobado. Quiero un empotrador en mi vida.

 

Este post está escrito por Pensamientos en su tinta 

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