Cultura Micro Universos

Se avecinan problemas… (parte 1)

(RELATO)

Omar se acercó a su novia de forma sigilosa, ese cuello descubierto era demasiado atractivo y se dirigió hacia él sus labios, la mano atrapó la mejilla contraria para girarle el rostro y entonces besarla en los labios mientras sus dedos se enredaban entre todos esos preciosos rulos atados en un moño en lo alto de la cabeza.

Se sorprendió con la dulzura que se estaban besando, enredando las lenguas con timidez y refregando sus labios como si fuera la primera vez. No podía decir que ella no era dulce, pero, a decir verdad, era más apasionada y atrevida, que dulce. El beso se demoró más de lo esperado y hasta le obligó a mantener los ojos cerrados por más tiempo del pensado. Un calor abrasador recorrió su espalda incomodándolo un poco.

«¿Qué carajo estaba pasando?»

Sin despegar su boca de la de ella, levantó los párpados y ancló su mirada en la de Olivia. Sólo para expresar un poco de lo que sentía, podría decir que estaba atontado ante la vista de una sonrisa casi desconocida y enorme. Si hasta hoyuelos tenía y ¿¡de dónde habían salido esos hoyuelos tan hermosos!?

―¡Guau, princesa, este beso fue hermoso!

―Cre… Creo que te… equivocaste ―dijo ella, después de carraspear, con una vocecita que apenas si se oía―. Soy Sol, no Olivia.

―No juegues conmigo, ¿cómo no voy a reconocerte?

―Lo siento, pero creo que no lo hiciste. Soy Sol ―repitió ella, sin apartar la mirada de los finos labios que la habían mareado un poco.

«¿Cómo era posible que ese muchacho besara tan bien?» Pero, «¿¡Qué demonios está pensando!?» Era el novio de su hermana gemela, ¡por todos los santos!

―Perdón, perdón. Me siento… perdón ―dijo Omar alejándose, y repasándola con la mirada. Sí era Sol. El peinado, el vestido, los zapatos bajos, la pulsera en su mano izquierda… era ella. ¡Qué idiota! ¡Qué hermosa! Negó con la cabeza ahuyentando la última frase y sonrió con vergüenza, alejándose sin querer hacerlo.

―No te preocupes. No eres el único que nos confunde

Sol apenas podía pronunciar las palabras, lo quería de vuelta pegado a su cuerpo y besándola si era posible. Todavía percibía el calor de la caricia en su cuello, el roce de la lengua sobre la suya y el sabor… «¡Basta, es Omar!»

―Voy a buscar a tu hermana ―murmuró él, avergonzado y confundido.

Vio cómo ella asentía y se fue de la cocina. ¿Huía? Sí, huía.

Sol se rodeó la cintura con un brazo y con la yema de dos dedos se acarició los labios cerrando los ojos. Así la encontró el torbellino de la casa, Olivia.

―¿Viste a Omar? ―Sol se asustó e intentó disimular su estado. ―¿A ti qué te pasa?

―Nada ―respondió, enderezando los hombros y mintiendo una sonrisa.

―No te creo, nunca hemos tenido secretos tú y yo. ¿Vamos a comenzar a tenerlos hoy?

―Tal vez ―dijo Sol, y la dejó hablando sola. Por supuesto que sería su secreto. Por primera vez no podía contarle a su hermana gemela lo que le pasaba.

―No me dijiste si viste a Omar ―gritó Olivia a sus espaldas.

Sí, te estaba buscando hace un rato.

Omar se miraba en el espejo del baño sin poder creer lo que había ocurrido. Lo de confundirse de hermana era un desastre que, podía sonar divertido, si no fuese a él a quien le hubiese ocurrido. Lo de besarla por ese motivo era otro desastre, aunque había sido la confusión, eso se le podía perdonar; pero que le gustara tanto…, eso era un enorme problema.

―Fue un solo beso, te confundiste, ya pasó y… terminemos con el tema. Aquí y ahora, te olvidas de todo.

Se refrescó la cara con un poco de agua fría y, con las manos húmedas, se tiró el cabello hacia atrás acomodando un poco su perfecto despeinado. Se le hacía tarde, la película comenzaba en menos de media hora y todavía estaban en veremos.

Volvió a la cocina-comedor en busca de Olivia, un poco temeroso, a decir verdad. Y ahí la vio de espaldas.

«¿Cómo podría haberlas confundido?»

Los rizos sueltos, esos infaltables jeans ajustados y las camisetas sin mangas que dejaban el ombligo al aire eran el sello de su novia. Jamás le había visto un vestido o un par de zapatos sencillos y bajos, lo suyo eran las zapatillas o los tacones altísimos que la elevaban unos centímetros más allá de su propia estatura. Odiaba quedar más bajo que su novia, pero a ella no le importaba el detalle y hasta se reía de ello.

Olivia era preciosa, con una imagen sexy que lo dejaba sin habla a veces, los ojos le brillaban con malicia cuando lo atrapaba mirándole los senos o cuando sus manos descendían hasta su firme trasero. Le gustaba mucho su novia y toda la imagen seductora que traía consigo. Se la devoraba con la mirada, solamente, porque todavía no habían llegado a la cama. Eso lo tenía enloquecido. Tres meses de jugar a las manitos, de besarse sin más consecuencias que una terrible y dolorosa erección. Era frustrante.

Omar cerró los ojos y suspiró. El deseo pasó como una ráfaga por su cuerpo y se estremeció de pies a cabeza recordando la húmeda lengua de Sol rozando la suya. Su mente olvidó el ombligo al aire, el trasero respingón y toda la sensualidad de Olivia e invocó la dulzura y provocación de un cuello largo y expuesto.

«¡No lo puedo creer!», susurró reconociendo que se avecinaban problemas…

 

Autora: IVONNE VIVIER

<>

SU NUEVA NOVELA YA LA VENTA EN AMAZON

VEN

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.