Micro Universos

Muerte Súbita

Rebeca deja de saltar a la comba y se acerca corriendo al banco en el que estoy. Se sienta a mi lado y me pasa una bolsa llena de regalices rojos.

— Hola —me dice—. ¿Te pasa algo?

— No, estoy bien —contesto mientras cojo un regaliz.

—¿Vas a venir el viernes a mi cumple? —me pregunta, preocupada.

—Sí, sí que voy —mastico el regaliz en silencio unos segundos, mientras busco las fuerzas para hacerle la pregunta—. Rebeca… ¿puedo dormir en tu casa esa noche?

—Sí, claro. Luego aviso a mi mamá. —Se levanta de un salto del banco y me agarra la mano—. ¿Vienes a jugar a la comba?

— No, tengo que ir al baño primero.

Me suelto de su mano y corro lo más deprisa que puedo hasta los servicios. Cuando llego, entro en uno, cierro la puerta y me pongo a llorar. ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil? Yo sólo quiero que todo esto acabe.

Llevo casi un mes sin dormir, desde que papá y mamá decidieron que Bea era ya muy mayor para dormir en su cuna y la pusieron en mi cuarto. Bea me encanta. Es muy bonita y suave y huele tan bien… Pero con ella trajeron el armario del desván, que es grande y oscuro y huele a cosas negras y húmedas. Hasta que vino Bea, yo tenía una cajonera en la que cabía toda mi ropa, pero mamá dijo que, ahora que íbamos a ser dos en la habitación, necesitaríamos un sitio más grande para guardar las cosas. Y trajeron ese armario viejo hasta que hubiese dinero para comprar uno más bonito. Me han prometido uno blanco con flores rosas en la puerta que vimos en el centro comercial, pero me han dicho que es muy caro y que tendremos que esperar. Me gusta mucho ese armario, pero me daría igual cualquier otro. Yo sólo quiero que se lleven éste.

Mamá dice que son tonterías y que ya soy muy grande para asustarme. Al principio, cuando la llamaba gritando, venía corriendo a mi lado, me abrazaba y me decía que no pasaría nada malo y me dejaba la luz de la mesilla encendida. Pero, cuando pasaron los días, empezó a enfadarse. Dice que no les dejo dormir ni a ella ni a papá y que despierto a Bea y la asusto. No sabe que tengo que despertarles a todos, que si no lo hago será mucho peor.

Ahora ya no me deja que encienda la luz y se enfada mucho cuando la llamo. Me dice que tengo que ser una niña fuerte y dejar de asustarme. Yo lo intento todas las noches, pero no puedo. En cuanto nos da el beso de buenas noches y apaga la luz, me levanto de puntillas, me acerco despacito al armario y cierro la puerta con la llave. Sé que no pasará nada mientras la luz del pasillo siga colándose por debajo de la puerta, mientras mis papás estén aún despiertos viendo la tele.

Luego vuelvo a mi cama y me tapo con las mantas hasta la nariz con los ojos clavados en el armario. La mayoría del tiempo no pasa nada. Oigo a mis papás irse a la cama y sigo quieta, vigilando. Los ruidos de todos los vecinos se van acabando y, cuando todo está en silencio, cuando todo el mundo duerme, puedo oírle ahí dentro, apretando un poquito contra la puerta del armario para ver si se me ha olvidado cerrarla. Sé que a veces se enfada, porque escucho como araña la puerta desde dentro con sus largas uñas negras. A veces incluso, si estoy muy callada, le oigo respirar.

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Así me paso toda la noche, vigilando hasta que los primeros rayos del sol se cuelan por las rendijas de la persiana. Entonces duermo un poquito, pero estoy tan cansada…

Desde hace unos días sé lo que quiere. Oí a mi mamá hablar con su amiga Pili sobre una enfermedad que se lleva a los bebes. Sus papás les dejan durmiendo tan tranquilos y al día siguiente están muertos. Mamá le dijo a Pili que se llama “muerte súbita” y que nadie sabe por qué pasa. Yo si lo sé, sé quién mata a los niños pequeños y sé que vive en nuestro armario, que quiere llevarse a Bea y que está cada día más enfadado porque yo no le dejo.

Anoche, cuando me levanté para echar la llave al armario, me di cuenta de que la puerta ya no cierra bien. Creo que él la está rompiendo desde dentro, poco a poco, en todas esas horas que pasa ahí encerrado esperando para cazar a Bea. Sé que no quiere salir mientras yo esté vigilando, pero creo que, si sigo enfadándole, no aguantará más y nos llevará a las dos. Tengo mucho miedo y me gustaría contárselo a mamá y a papá y que se llevasen el armario, pero sé que no me van a creer y que se van a enfadar mucho conmigo.

Siento mucho lo que voy a hacer. Sólo quiero que esto acabe. Estoy tan cansada y tengo tanto miedo…

El viernes por la noche Bea tendrá que dormir sola y no habrá nadie para cerrar la puerta del armario.

 

Autora de Trhiller : Gemma Herrero 

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