Cultura

¿Por qué ser sirena si puedo ser amazona?

6:15: Suena el despertador. Me levanto, le pongo de comer a mis felinos, me ducho, me visto, me maquillo, me preparo el desayuno, les dejo pienso a los gatos más bonitos del mundo, me aseguro de que tengan agua limpia, dejo impecable su arenero, les doy un beso y me voy a trabajar.

7:15: Salgo corriendo, sorteo niños, abuelos con carritos de bebé, mochilas con ruedas, adolescentes distraídos con el móvil, adultos grises caminando de forma automática, más niños, más carritos, más mochilas… Me meto en mis adentros y pienso; ¿he apagado todas las luces? ¿he cerrado con llave? ¿les he dejado agua a mis peques? va, sea lo que sea te enterarás, total, las malas noticias vuelan. Total… si tus gatos mueren deshidratados te enterarás al abrir la puerta cuando vuelvas ¿no?. Doy media vuelta para comprobar que los gatos siguen hidratados.

7:27: Tras la comprobación rutinaria, un despliegue de chuches, besos y arrumacos, salgo corriendo por segunda vez (esta vez si corro de verdad). Vuelvo a sortear los mismos niños, los mismos carritos de bebé, los mismos abuelos, adolescentes y adultos. En serio ¿vivo en el show de Truman o qué?

8:00: llego al trabajo y empieza el despliegue de medios, informes, demandas, llamadas, reuniones, problemas y más problemas por solucionar. Y soy yo. En todo mi esplendor. Adopto el rol de una amazonas despiadada, tengo que hacerme ver, tengo que demostrar lo que valgo por encima del resto, en una eterna lucha contra los griegos, buscando complicidad entre mis similares. Que vaya rollo os he soltado ¿no? Os lo traduzco: en mi trabajo dirigen los hombres pero curran las mujeres, somos los gnomos invisibles que hacen que toda la estructura se mantenga pero sólo ven al que dirige la obra.

Me da lo mismo, soy la mosca cojonera que trabaja duro, que no pisa a nadie para destacar. Mi madre me enseñó que el trabajo tenaz vence todas las dificultades y lo aplico a diario y encima, en tacones. ¡Supera eso Sr. Director!

20:00: llego a casa (por fin), saludo a mis gatitos, les pongo de comer, arrumacos, besos, caricias y juegos. Me tiro en el sofá y cojo el móvil, abro Facebook y ¿qué me encuentro? a no sé cuántas mujeres de 30 para arriba adorando unicornios, sirenas y variados personajes Disney. No tengo nada en contra de estos seres mitológico/fantásticos, es más, los que me conocen saben que me flipan (pero los de verdad, no las adaptaciones) pero ¿en serio? o sea…. ¿¿¿en serio??? yo matándome por ser una profesional ejemplar y dar ejemplo a las niñas del futuro y las que de verdad tienen el foco de atención se andan con estas cosas.

Niñas, adolescentes y mujeres del futuro; trabajad duro, dadle a vuestras hijas, sobrinas, primas o hermanas una infancia digna de cuento de hadas para que no arrastren traumas, estudiad, leed por placer, sobretodo, ¡viajad cuanto podáis!, sed fuertes, no tengáis miedos, no necesitáis príncipes que os rescaten porque vosotras sois amazonas.

Yo no quiero ser sirena. Decidido. Las verdaderas sirenas de la antigüedad (y de la actualidad según la RAE) no eran mujeres con cola de pez, sino unas terroríficas aves con rostro de mujer y pechos generosos. Sus miembros estaban prolongados por unas garras poderosas y a veces por zarpas de león. Solo estaban provistas de brazos humanos cuando acompañaban sus hermosos cantos melodiosos con instrumentos musicales como liras, flautas o arpas.

Yo quiero ser amazona, quiero ser guerrera, cómo Wonder Woman, quiero no tener miedo, no mostrarme débil, no mostrarme niña. Soy una mujer y así lo lucho a diario, en el trabajo y en la vida.

Y me encanta.

Y no lo cambiaría por nada.

Y me voy hacer la cena porque las amazonas no tenemos pajaritos, ni ratoncitos, ni langostinitos Disney que nos planchen, nos limpien o nos hagan de comer (en caso contrario sí quiero ser sirena).

Luzía M.

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